Descubre nuestro viaje, desde un encuentro hasta el amor verdadero.

Todo comenzó a través de nuestras familias: dos madres cuya estrecha amistad preparó el escenario para algo mucho más grande. Aunque estábamos separados por la distancia, conectamos profundamente durante tiempo de llamadas y mensajes. Con cada conversación, me di cuenta de que ella era alguien realmente especial, incluso antes de poder verla cara a cara. Cuando finalmente volé para conocerla, el momento en que apareció en el aeropuerto me dejó sin aliento: fue un flechazo fulminante que cambió mi vida para siempre. Los días que siguieron fueron de los más felices que he vivido y, en ese instante, supe que no podía imaginar un futuro sin ella.

Desde aquel primer encuentro inolvidable, nuestro vínculo no ha hecho más que fortalecerse. Descubrimos lo bien que encajaban nuestras vidas, encontrando alegría en aventuras espontáneas y comodidad en las rutinas diarias. Nuestras conversaciones, tanto profundas como sencillas, se convirtieron en la base de nuestra relación, recordándonos que la verdadera conexión no depende de la cercanía física, sino de la comprensión, la paciencia y el cariño genuino. A lo largo de los desafíos y logros, nos hemos apoyado mutuamente, edificando una relación cimentada en la confianza, las risas compartidas y un afecto sincero.

Ahora, mientras nos adentramos en el siguiente capítulo de nuestra historia, lo hacemos con el corazón lleno de gratitud y entusiasmo. Rodeados de familiares, amigos y el amor que nos unió desde el principio, estamos listos para abrazar todas las posibilidades que el futuro nos ofrece. Nuestra boda no solo marca un hito importante, sino que también simboliza una promesa: el compromiso de seguir creciendo, aprendiendo y amándonos cada día, de la mano, en todos los mañanas que estén por venir.